11 años de Ni una Menos: ¿qué aprendió el periodismo?* 

Se cumple un nuevo aniversario de la movilización espontánea que en 2015 encontró a mujeres y LGBTIQ+ en las calles para denunciar la violencia de género. Este año la fecha llega en una semana con femicidios de niñas y adolescentes en diferentes partes del país. En general, el tratamiento mediático ha sido vergonzante, recurriendo a estereotipos sexistas y revictimización hacia la víctima y sus familias. La contracara y el derecho a réplica encontró a los feminismos en las calles, organizaciones sociales, políticas y sindicales de todas las identidades políticas; junto con niñeces, que usaron carteles para exigir justicia y que paren de matarnos. Inclusive hubo alguna convocatoria de varones para juntarse a repensar las prácticas y responsabilidades respecto de las relaciones de poder entre varones y mujeres y disidencias sexo género políticas: lesbianas, gays, bisexuales, travestis, trans, intersex, no binaries y queers en su diversidad.

El periodismo y las violencias por razones de género

Según datos del Observatorio Ahora que sí nos ven, entre el 3 de junio de 2015 y el 24 de mayo de 2026, se registraron al menos 3.200 femicidios. En la mayoría de los casos el agresor tenía algún vínculo con la víctima. Según datos del informe anual 2023 de la Oficina de la Mujer de la Suprema Corte, menos de un 3% de los femicidas obtuvo una condena firme. Frente a la impunidad, el periodismo tiene un compromiso ineludible por la sensibilización, la verdad y memoria.

En estos 11 años, el periodismo tuvo que cubrir 3.200 femicidios, 3.200 historias que fueron contadas o invisibilizadas: el camino de la información responsable serpentea con la violencia mediática y simbólica, que se cuela en el sentido común a través de celulares, streams y medios tradicionales.

Es que desde el 10 de diciembre de 2023, los discursos de odio tienen jerarquía estatal y a través de los medios públicos nacionales y redes sociales oficiales, habilitan la violencia verbal y simbólica, eliminando la difusión de contenidos de promoción de derechos y prevención de las violencias. A esto se le suma la eliminación de la Defensoría del Público, que podía monitorear el trabajo de los medios; así como del Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidades de la Nación, desmantelando las políticas públicas que podían incidir en las desigualdades de género y la violencia machista. El impacto de esta ausencia estatal es inmediato: los informes del Observatorio Ahora que sí nos ven revelan que el 17% de las víctimas de violencia machista, había realizado denuncias previas y el 10% contaba con medidas judiciales vigentes que resultaron totalmente ineficaces.

En este contexto, el pleno ejercicio de la libertad de prensa requiere de la reinstalación de una agenda informativa que dé lugar al tratamiento periodístico de situaciones de desaparición y asesinatos de niñas, adolescentes, mujeres y LGBTIQ+ con una perspectiva de géneros, y que corra el foco de elementos que perpetúan la idea de que la víctima es la culpable.  

Por eso, consideramos necesario recuperar algunos elementos urgentes en el hacer periodístico y de los medios de comunicación, en el marco de la lucha por eliminar toda forma de violencia hacia las mujeres, lesbianas, trans y personas no binarias, 

Hacia dónde queremos ir

En primer lugar, para poder sostener coberturas, agenda informativa y periodismo especializado y de calidad, lxs trabajadorxs de prensa necesitamos salarios dignos. 

Según una encuesta realizada por el Sindicato de Prensa de Buenos Aires en 2025, más del 65% de lxs periodistas que trabajamos en el área metropolitana de Buenos Aires tenemos salarios por debajo de la canasta básica de alimentos. Además, muchxs tenemos 2 o 3 trabajos para poder llegar a fin de mes y más del 80% de lxs mal llamadxs “colaboradorxs” de medios cobra por debajo de la línea de pobreza. 

¿Cuánto se cobra una colaboración? Nadie lo sabe. Que los patrones y dueños de medios acuerden hacia el interior de las redacciones el precio de las notas y que no haya un tarifario unificado hace que ese valor sea arbitrario; depende de factores que, en muchos casos, son negociaciones individuales con la patronal. 

A esos elementos hay que sumar que, en los últimos años, debido a los despidos, la persecución y a la sobrecarga de tareas a las que estamos expuestxs lxs trabajadores de prensa, dejaron de existir lxs editores especializadxs. Pese a que la contratación y el nombramiento de editorxs de géneros en los medios y portales fue una conquista de la organización transfeminista de prensa en los medios, esas figuras fueron dejando de existir. Y eso se nota en cada producción periodística: las personas especializadas en géneros fueron forzadas a renunciar o, en muchos casos, perdieron jerarquía y roles. 

No tener espacios ni trabajadorxs especializadxs en los medios hace que la agenda informativa pierda calidad. 

Además, dentro de los medios también hay brechas de género en relación a los salarios: según la encuesta del Sindicato de Prensa de Buenos Aires (SIPREBA) más del 20% de las mujeres, lesbianas, travestis, trans, bisexuales y personas no binarias cobramos menos que los periodistas varones que hacen las mismas tareas que nosotrxs. 

Segundo, recuperar la formación en perspectiva de género para periodistas varones, mujeres, lesbianas, travestis, trans, bisexuales y personas no binarias en el ejercicio del tratamiento mediático, no sólo para cuestiones relacionadas directamente al riesgo de vida que corren las mujeres y disidencias por la violencia machista (que son notas o informes que suelen abordarse en columnas policiales), sino también en agendas amplias, que se aborden de manera transversal y contemplen la discriminación de género en ámbitos políticos, culturales, sociales y deportivos, promoviendo una mirada crítica del sistema que organiza la violencia por razones de género. 

La violencia por razones de género no viene de otro planeta, tampoco tiene un gen maldito ni lo ejerce un monstruo: atraviesa y configura todas las relaciones sociales, por eso también está en los medios, las redacciones y estudios, en internet y las coberturas callejeras. La mitad de las trabajadoras de prensa mujeres y disidencias vivió o fue testigo de situaciones de violencia en su espacio de trabajo. Con periodistas que sufren acoso y hostigamiento por razones de género no es posible la libertad de prensa. 

Por ello, es necesario implementar protocolos contra las violencias de género en el ámbito laboral, denunciando y visibilizando las violencias que sufren las mujeres y disidencias en el ejercicio de su labor periodística. 

Si los medios culpan a las víctimas, las calles reparan

Días previos a la movilización del 3J, el termómetro popular ya decía que sería multitudinaria y lo fue. Si los medios de comunicación estuvieron a la altura o no, es una reflexión necesaria. 

La comunicación democrática y la libertad de expresión no se construyen solamente con un copy y un carrusel de fotos, no se agotan en un scrolleo individual; requieren crónicas extensas, entrevistas, perfiles, columnas especializadas, análisis de datos y presencia de sus protagonistas, las víctimas y sus familias, las organizaciones sociales que acompañan, las y les periodistas que trabajan los temas. 

Lo que los medios con mirada machista juzgaron, lo respondieron las niñeces con carteles que les superaban en tamaño pero no en corazón. Afiches, pintadas, pegatinas, banderas, intervenciones gráficas y artísticas, música y tambores que reflejaron lo que la sociedad no encuentra en los medios concentrados: memoria, verdad y acompañamiento.

Como hace 11 años, la movilización mostró el poder popular que detentan los feminismos: incidencia política, capacidad de convocatoria y movilización, creatividad, ingenio e interpelación. Un cóctel que no se mezcla solo, que está amasado por el diálogo en las Asambleas, en las plazas, en los espacios de trabajo, en los 40 encuentros pluri de mujeres y LGBTIQ+; que conoce su historia y que está dispuesto a cuidar y defender lo construido. 

Contra el discurso y las prácticas machistas de que “las mujeres están en contra de los hombres”, la movilización por este Ni Una Menos encontró a los varones marchando junto a sus compañeras, amigas y familiares. El pacto entre varones que organiza el Patriarcado también genera condicionamientos en sus trayectorias de vida: ser fuerte, insensible, violento, hipersexual. La interpelación a los varones se vio explícita en los mensajes de la marcha y es necesario que trascienda a todos los ámbitos de la vida.

Por eso fuimos y seremos miles, para poner sobre la mesa una perspectiva feminista que cuestione las relaciones de poder. Estas transformaciones no son solamente para que las mujeres, LGBTIQ+ y sus familias puedan vivir una vida libre de violencias, sino también para construir una sociedad democrática donde todas las vidas importen.

*Esta es una producción colectiva realizada por la Asamblea de Géneros del SiPreBo, una semilla para abonar el presente.

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